Noticias falsas v/s prensa libre

Con la llegada de Donald Trump al poder, se ha puesto de moda la palabra “mentir” y “noticias falsas” (o fake news). Así como duros cuestionamientos a la “imparcialidad” y “veracidad” de ciertos medios de comunicación.

Si bien es cierto que la principal democracia del mundo por primera vez se ve enfrascada en duras recriminaciones entre su presidente y los medios de comunicación, la pugna Medios-poder no es nueva. En efecto, los medios de comunicación, como viejos transmisores de mensajes, siempre se han enfrentado al poder, así como a la verdad.

Varios han sido los regímenes, dictadores, presidentes, monarcas o autoridades que han acusado a los medios de comunicación de estar al servicio de alguien o de algo. Durante el siglo XX, lo primero que hacían los regímenes comunistas al llegar al poder, era controlar a los medios de comunicación censurando, prohibiendo y negando información veraz, plural e imparcial. El control era -y es- total. No hay prensa libre, no hay libertad de opinión, no hay análisis y, menos aún, la posibilidad de informar la verdad.

Quienes no ejercen la profesión de periodista o comunicador, desconocen cómo funcionan las noticias en el mundo libre. Muchos ingenieros, abogados, científicos, piensan que el profesional publica fielmente lo que ha sucedido, con la verdad sobre los acontecimientos, como si estos “hechos” fueran neutrales. Sin embargo, lo que nadie sabe ni sospecha es que ese profesional, como bien lo describe Simon Kuper, generalmente es gente con estudios superiores, liberales, que creen en las cosas liberales que escriben. Son altamente educados, se oponen a Trump y al Brexit, al populismo en general. En su gran mayoría, asistieron a universidades de élite que, comparados frente a los 500 ejecutivos o empresarios más importantes listados en Fortune, han recibido una mejor educación que muchos multimillonarios estadounidenses.

¿De quién es la verdad?

Por ello, ¿se puede estar frente a fake news? La respuesta es sí. Dependerá siempre de quien la escriba, más que del medio de comunicación. Claramente hay medios con mayor o menor prestigio y credibilidad, pero en general ellos confían mucho en el profesionalismo de sus periodistas o comunicadores. Por tanto, es poco cuestionado lo que publican, editan o informan. Se asume que, basado en una vieja premisa de la libertad de expresión, no se debe cuestionar lo que el periodista “reporteó” y menos lo que informó con ética profesional. “Meter tijera” a cualquier información realizada por un periodista, es sinónimo de censura y de violación a la ética periodística. La libertad de expresión es sagrada, así como sus “fuentes” informativas cuando se publica algo.

Nunca encontrará a un profesional de un medio de comunicación que le permita hacer cambios en su noticia. Hacerlo significa arriesgarse a que el periodista le diga NO, a que lo denuncie al colegio de la orden, o de lo contrario, presentará su renuncia.

También, lo que no se dice, es que esa “fuente” bien podrían ser los “deseos” más íntimos del profesional que escribe, o de sus “hipótesis” más personales respecto de un hecho. “Según fuentes bien informadas…”, se suele decir para justificar tal o cual información publicada.

Otro truco común es señalar “según fuentes consultadas…” ¿Qué fuentes?, ¿quién dijo tal o cual cosa? Imposible saberlo. Simplemente alguien importante consultado lo dijo y punto “¿Quién?… no se lo puedo decir porque la fuente pidió reserva de su identidad”.

Puede que en algunos casos sea verdad, pero bien puede ser la máscara perfecta para publicar lo que YO quiero, lo que YO quiero decir, o lo que YO pienso de tal hecho.

Lo que es y no es noticia

Asimismo, el término “verdad” es relativo. Yo, por ejemplo, puedo decir que tal persona casada, fue de noche a la casa de una mujer separada. Sin embargo, lo que se pueda inferir de ello, ya es un hecho “subjetivo” que puede apartarse de la verdad. O, en el caso de los medios, poner de titular y dar amplia difusión a un hecho en desmedro de otro. Lo que también puede transformarse en una forma de “manipulación” o desinformación. Todo dependerá del cariz con que se miren las cosas para dar más importancia a un hecho, dejando en la sombra situaciones o informaciones que pueden ser mucho más importantes, pero que se prefiere poner en una segunda línea.

Cuando salen a la luz hechos de corrupción en un gobierno, por ejemplo, firmas de contratos poco claros, se denuncia fuertemente día a día y se investiga sobre los bienes de ciertas autoridades. ¿Estamos enviando un mensaje a la sociedad diciéndole “mire ponga atención a las actuaciones de este gobierno que al parecer no son muy limpios y transparentes”, versus situaciones que no revisten mayor crítica pública, como un incendio o accidente de la esquina?

Eso demuestra que los “hechos” no son neutrales. Sin embargo, hoy con el auge de las redes sociales, muy poco se puede ocultar o dejar de informar. Las noticias se difunden gratuitamente y en línea. Cualquier persona con un celular puede en forma instantánea informar sobre algún evento, sobre un incendio, accidente o robo.  Por tanto, el gran valor agregado de los medios hoy en día es añadir y entregar “análisis” de estas informaciones.

Antiguamente cuando había “menos voces” en los medios, ciertos periodistas podían cambiar la opinión de las masas -señala Simon Kuper- pero Internet dividió a los medios. Hoy cada uno tiene su pequeña audiencia que le sigue y le es fieles, que, ante un hecho grave o importante, se puede multiplicar como una avalancha sobre la nieve, e influir a miles o millones de personas en un muy corto tiempo.

 

Sergio Villarino

SVK Comunicaciones Ltda.

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