El mensaje y discurso como arma de éxito político

Un columnista de un importante medio de comunicación señala que “…la aparición de Bolsonaro debe mucho a la ausencia en Brasil de una derecha más estructural, como sí la hubo en el Chile del Siglo XX y hasta ahora…”.

Si bien el comentario es netamente político y no tiene mucho que ver con comunicación, si trataré de hacer una comparación que resulta necesaria para comprender el fenómeno actual de Brasil.

La gente, las personas que viven en sociedad, como usted, como yo, que día a día debemos trabajar para sobrevivir, y producir, no buscan otra cosa que la felicidad, la necesaria tranquilidad para vivir en paz, compartir con sus hijos, con sus familias. Son las dueñas de casa, los padres de familia, los trabajadores, incluso las personas que eran la más marginadas de una sociedad que hoy son aceptadas, toleradas y defendidas en sus derechos como los homosexuales, travestis, lesbianas, bisexuales o como genéricamente se les llama “comunidad LGTB” quienes al parecer se cansaron, se hastiaron de una cúpula política ultra ideologizada que sólo buscaba el poder para satisfacer sus propias aspiraciones bajo un supuesto discurso unitario y acogedor, pero carente de verdad y eficacia.

En efecto, al parecer el mensaje llegó muy hondo en diversas comunidades sociales como la brasileña, donde el socialismo, siempre muy aplicado y eficiente en su mensaje social, inclusivo, de apoyo a los más desposeídos, dio pie para ganar no una sino muchas elecciones amparados en un discurso que hizo hincapié en los derechos pero muy poco en las obligaciones.

Y permítanme señalar que el manejo de un país, el control de un gobierno no difiere mucho de lo que todos nosotros hacemos con nuestras familias. En efecto, deben haber reglas claras de inclusión, pero también de deberes, de entregar derechos pero también de responsabilidades, e amparar y acoger pero también de formar, dirigir y controlar.

El caso Brasileño para ser paradigma de lo que una sociedad se hartó de tener; puros derechos y casi ningún compromiso, falta de control y recato, manejo y contención de los excesos sociales como la ideología de género, la delincuencia y la farra ideológica de admitir sin mayor recato ni pudor todo tipo de excesos en una sociedad diversa y multi racial. Nadie dice que quienes desean libertad para expresar sus sentimientos y unirse a otra persona tenga derecho a ello, pero cosa distinta es hacer alarde ello, permitiendo, aceptaron y peor aún, valorando actitudes reñidas con lo que antiguamente se llamaba “la moral” como son los actos sexuales entre distintos grupos de personas.

Asimismo la falta de control, por miedo a lo que se llama “represión” no supo contener altos niveles de delincuencia, que han permitido en el país carioca se mate por un par de dólares o el robo de una simple bicicleta. Todo ello sin duda cansó a quienes se suele llamar “personas de bien” que no son más que personas como usted y como yo, que deben trabajar para sobrevivir y quieren hacerlo en un medio que le de garantías de poder hacerlo.

Gastar más de lo que se tiene, en todo hogar produce desequilibrios y no durará para siempre. En el caso de un gobierno sucede exactamente igual, y con tal de ganar elecciones se puede incluso llegar a mentir diciendo que se dará una y otra cosa para los más desamparados. Esos desamparados no necesitan otra ayuda que permitirles trabajar en lo que sepan o puedan. Una sociedad bien organizada no descuida a ninguno de sus habitantes, pero tampoco les permite sobrevivir a costa del esfuerzo y trabajo de los demás. Se ha confundido por demasiado tiempo la caridad con la pasividad de no darles herramientas para que salgan  de su estado de vulnerabilidad. Los demás miembros de una sociedad bien pueden ayudar a cientos de miles de personas por un tiempo, pero lo que no pueden hacer es ayudar a cientos de miles por todo el tiempo.

Joao un carioca que vive con su esposa y debe mantener a sus dos hijos, aspira a tener una vivienda, salir de viaje y que no pase desvelos por no sabe si mañana tendrá para darle de comer a sus hijos o que para colmo, salga de su hogar y se encuentre con una bala loca que le quite la vida y menos aún que el vecino traspase su muro y le robe lo poco que ha conseguido en su vida con esfuerzo y sacrificio. Ese simbólico Joao no quiere más discursos de prebendas y premios, si simplemente no puede vivir en paz. Joao ha decidido votar por Bolsonaro porque siente no sólo no le alcanza su dinero (cosa que podría suceder en cualquier gobierno) sino ver que aquellos que eligió son unos mentirosos que sólo han aprovecha del poder para enriquecerse, enriquecer a sus amigos y camaradas de partido, ver que a su vecino que le roba no le dan ni un día de cárcel, que las cuentas públicas ya no alcanzan y por tanto deben meter la mano al bolsillo de los contribuyentes para poder pagar todas y cada una de las prebendas que recibe su otro vecino muy pobre, pero que nunca ha hecho nada para salir adelante. Créanme que ese imaginario Joao ya no ve con tanto peligro y más bien cree en el discurso y el mensaje de alguien que le ha dicho parará con todo ese despilfarro y meterá presos a ese gobernante por el que votó y a sus camaradas que robaron durante tanto tiempo con impunidad e impunidad, ya que no le da miedo pensar su voto ahora si podría servir para mejorar el país donde vive.

El discurso y el mensaje de Bolsonaro simplemente ha calado hondo en una sociedad al parecer cansada de ver la corrupción, el mal manejo de las finanzas públicas, la delincuencia desatada, el nulo control del Estado y sus instituciones, el amiguismo descarado, el descontrol moral, la aceptación sin límites e impudicia de las diferencias sociales y culturales de sus ciudadanos con todos los derechos y al parecer sin ningún deber que cumplir. Pagar impuestos para que el rey beneficie a su séquito burgués, parece ser demasiado para un simple habitante que trabaja duro pero no recibe la compensación más simple y básica de todas, trabajar tranquilo y en paz, sin que le roben, lo asalten o le mientan descaradamente en su rostro.

La comunicación y su mensaje al parecer la ha ganado por ahora la contraparte del PT (Partido de los Trabajadores) del ex presidente “Lula”, hoy preso por corrupción.

Por Sergio Villarino
Director Ejecutivo de SVK Comunicaciones

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